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Domingo 19 Noviembre
Los trámites en la frontera con Gambia suelen llevar bastante tiempo, así que me presenté en el puesto de Karang a primera hora para posteriormente conducir hasta Barra, desde donde parte el ferry que atraviesa la desembocadura del río Gambia y te acerca hasta la capital, Banjul. Mi intención era atravesar el país cubriendo con rapidez los pocos kilómetros que discurren entre su capital y Jiboro, puesto fronterizo con la región senegalesa de Casamance. Aunque entre ambas fronteras hay apenas un centenar de kilómetros, me vi obligado a detener el vehículo en ocho controles policiales. Para mi sorpresa, y contra la experiencia de visitas anteriores, únicamente en uno de ellos me pidieron una "contribución económica para la policía".

 

En la desembocadura del río Gambia

 

Una vez atravesada la frontera tomé dirección hacia el sur por la carretera que lleva a Ziguinchor. Esta zona ha sido recientemente noticia por el asalto a cuatro turistas españoles, un incidente

del todo inusual en Casamance, una región tranquila aunque sometida a fuertes medidas de seguridad por el ejército senegalés.

 

Mezquita junto a la carretera

 

Carretera de acceso a Koubalan.

 

Al de pocos kilómetros alcancé Baila, un pequeño pueblo junto a una gran zona de inundación del río Casamance. Roy Dennis me había alertado de que ésta era la zona habitual de invernada de un águila pescadora adulta (Azul DF) cuyo emisor había dejado de emitir hacía unas semanas, y me había pedido que echase un vistazo por si tenía suerte y la localizaba viva. Pude atisbar a lo lejos un águila pescadora posada en un tronco pero la distancia unida a la intensa reverberación causada por la humedad y la temperatura (35º) me impidió discernir si estaba anillada o portaba emisor.

 

La zona de invernada de Cousteau

 

Tras ello me propuse conducir hacia el sur sin parar con la intención de echar una primera ojeada a la zona habitual de Cousteau, cuya posición conocía gracias al satélite Argos. Tras dejar atrás Bignona, tomé una pista de tierra repleta de socavones por la que sorprendentemente circulaban pequeños autobuses abarrotados de personas y mercancías. El paisaje era boscoso, pero la pista atravesaba un humedal en el que fotografié a placer un ibis sagrado (Threskiornis aethiopicus) que pescaba y unos alimoches sombríos (Necrosyrtes monachus) que estaban allí atraídos por una carroña.

 

Ibis sagrado

 

Alimoches sombríos

 

Finalmente llegué a Koubalan, aldea situada a la vera del humedal en el que, con un poco de suerte, esperaba ver a Cousteau. Tras dejar atrás el pueblo, estacioné el vehículo en la orilla y eché un primer vistazo.

 

Koubalan

 

La luz de la tarde mostraba un paisaje espectacular: una extensa zona intermareal, salpicada de pequeñas manchas de mangle y numerosos árboles secos, y rodeada de palmeras y otros grandes árboles. Como no pude ver ningún águila pescadora, atravesé el humedal conduciendo por la pista general y después me adentré unos 500 m por una muna. La muna aislaba los arrozales del flujo mareal, creando un hábitat excelente para limícolas, garzas y otras aves acuáticas. Destacaban allí unas grullas damiselas (Balearica pavonina) y un bando de gansos espolonados (Plectropterus gambensis). La luz del atardecer dificultaba la observación desde aquella posición pero di con la silueta de un águila pescadora posada sobre un tronco cercano a la otra orilla.

 

Grulla damisela

 

Gansos espolonados y combatientes junto al arrozal

 

El corazón se me aceleró ya que, a pesar de la mala luz, se podía distinguir que el ejemplar portaba una anilla de color claro, casi con toda seguridad una anilla amarilla. Estaba atardeciendo, así que disponía de poco tiempo. En la lejanía comenzaron a sonar unos tambores ¿Tarzán o Mogambo?. Volví hacia Koubalan y me interné con el vehículo por el pueblo para tratar de acercarme lo más rápidamente hasta el punto más cercano a la orilla. Grave error. En cuanto abandoné el coche, una nube de niños, excitados por mi presencia, me rodeó al grito de "Lulu" (Blanco, en idioma Diola). Para cuando pude darles el esquinazo y acercarme a la orilla, el águila pescadora anillada ya no estaba allí. Se estaba haciendo tarde así que decidí regresar hacia la carretera asfaltada para ir a Ziguinchor y buscar alojamiento antes de que cayese la noche. Pero la vuelta me reservó una grata sorpresa ya que en Djiguinoume asistí a un baile local encabezado por el Niasse, uno de los tres danzantes enmascarados de la cultura Diola.